Mi rostro incluso cuando duramente trato de endurecerlo parece amable. Una sonrisa leve se dibuja siempre que veo con mis ojos ligeramente estrábicos un espejo, una sonrisa que no intento, una sonrisa que no existe porque no es tal.
Esa dureza autoimpuesta a mis facciones siempre se trunca por la expresión gentil de estos ojos, que miran a esa mujer tanto. Esos ojos que en su mirada conforman una sola mancha oscura cuando me mira a corta distancia en el juego de los cíclopes como solía decir Cortázar. Esos ojos se cierran cuando escuchan su voz. Esos ojos que le
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